Friday, November 10, 2006

Divagación dos

El ciclo del vagabundo 1

Podría ser que los inviernos siempre sean los mismos, con algunas variaciones; y el otoño reluciente con su hojarasca intermitente, que ya sale, que ya sale. Y el que camina todas las tardes a la misma casa, a las cuatro y media mismas de los mismos días; y el mismo que ve las aceras sucias de pasos perdidos, de enamorados, de incertidumbre, y de cansancio.
Todo muere, es hermoso el frío, hasta el vagabundo que ni de comer tenía. Amaneció muerto hace tres días, de hipotermia, sobre la acera mugrienta en que comía atardeceres. Fuera de eso, nada es distinto; en primavera florecerán nuevos mendigos, con sus olores a sudor y calle, y sus miradas de estatua enloquecida.
Haciendo a un lado las predicciones de los climaturgos, cualquier vagabundo seguirá tiritando, tirititando- tiri- tiri- ti- ritando de frío; quizá encuentre un lecho cálido de periódicos amarillentos, amarillosos o amarillistas; y en la sección de espectáculos se soñará a sí mismo montado sobre un signo zodiacal adoptado.
Acaso sea un cangrejo gigante olvidado hace miles de años en la profundidad de un espeso mar, o proveniente de alguna de esas mitologías arcaicas y oscuras; o una enorme rata de pestilente alcantarilla milenaria.

(Continuará…)

2 Comments:

Blogger Agustín García Delgado said...

Puede ser que la incertidumbre siempre sea una indecisión desnuda y temblorosa. Es decir, tal vez el hambre sea la timidez ante el manjar abundante. Quizá la sed consista en cruzar un río con la boca cerrada. Que el silencio, podría ser, signifique mi terror ante la posibilidad abierta de decirlo todo.

7:46 AM

 
Blogger Arbusto said...

Uh, tremendo. Con ecos de eternidad y de eterno retorno.

5:11 PM

 

Post a Comment

<< Home